Por: José A. Lalupú Cruz

Quiso sentarse a descansar, pero recordó que había muchos quehaceres en casa. “Voy ahora porque mañana tengo que salir temprano, no creo que Fernandito quiera hacerlo. Hoy tiene que ser, mañana no. Se viene el pago de la mensualidad de Andreíta, y no creo que Carmencita me pueda apoyar con la cancelación de la luz porque esta semana no tuvo muchas ventas. Bueno pues, qué voy hacer. Ya habrá un momento para descansar”
En estos últimos tiempos en que las horas parecen durar menos los padres se han convertido en cautivos del tiempo, de su trabajo, y de sus hijos, pues la mayoría no tiene tiempo para vivir.
Quien diga que no es víctima del tiempo se estará negando la verdad a sí mismo y, eso, ya es un acto amoral. El reloj, hoy acuñados hasta en los anillos, son los vigilantes que ocasionan la alteración de neuronas a tal punto de hacerlo estallar o dejarle los nervios de punta; tal vez, porque no pudo llegar a la hora o porque no le alcanzó el tiempo para cumplir con alguna faena propuesta, e incluso, para algunas actividades superfluas, ¿Ha pensado en usted? ¿Se ha puesto a pensar que el ser más importante y racional que debe cuidar su vida y vivir como persona humana es usted? Si lo sabe, entonces, ¿por qué no disfruta de la vida?
Claro, una de las repuestas para refutar mi tesis será ¿y con qué dinero voy a gozar la vida? “Si no trabajo, no come mi familia ni yo”. Por su puesto, nadie puede vivir sin trabajar. Trabajar es un derecho y una obligación, pero he aquí el problema en que muchas veces se esclaviza de la actividad laboral, vive entregado en cuerpo y alma y no se da cuenta que el tiempo avanza, y por ende, va envejeciendo acortándosele el tiempo para vivir, porque se ha creado una fuente de opresión deseada y generada por el mismo subyugado. Trabaja en la mañana y en la tarde, bajo la expresión “hay que hacer capital porque, ¿cómo irá a ser mañana?” No se trata solo de trabajo y dinero. Se trata de entender que el hombre debe generarse un espacio para el descanso y un tiempo para sentir la beldad del mar, del cielo, del campo y sobre todo para sentarse junto a los suyos dialogar como debe ser, contarse anécdotas, chistes, cuentos o no sé qué ocurrencias. Tal vez ver una película en familia, salir al parque, pasear por las calles o hacer algo que lo libere de la estresante tarea diaria. En fin, algo que lo haga sentirse un individuo sin preocupaciones extremadamente materiales; por el contrario, vea estas faenas como sustanciales, pero no supremas ya que el secreto más importante para vivir es la felicidad con la familia y consigo mismo.
El ser humano debe comprender que las necesidades existirán siempre y lo obligarán a desenvolverse en actividades que generan ingresos con los cuales podrá cubrir los egresos familiares y personales. En estas circunstancias, son los padres quienes viven esta experiencia porque, en muchos casos, una vez que se casaron o empezaron a convivir solo bastó la llegada del primogénito para dedicarse a su crianza y pensar solo en él, luego en los demás que vinieron, bajo la frase “todo por mis hijos”. La dedicación paterna o materna a los herederos es tanta que, muchas veces, se descuidan de sí mismos bajo la concepción errónea que ellos ya gozaron y que ahora les toca a los hijos. Por su puesto que los hijos tienen todo el derecho de ser atendidos (alimentación, vestido, educación, etc.), eso es por ley, pero ninguna ley indica que el padre o la madre se olviden de ellos mismos cuando llegan los hijos.
Finalmente, debe quedar claro que no se trata de convertirse en esclavo del tiempo, ni de abocarse de de sol a sol al trabajo para hacer fortuna o para conseguir bienes materiales los cuales queden como herencia “a nuestros hijos”, desde luego, que debe darles lo esencial, como Dios y la Constitución manda, pero- aparte de la atención familiar como un imperativo- usted debe considerar espacios de relax individual que le sirvan de terapia para el estrés. Estas sugerencias radican en hacer lo que más le gusta: salir al campo, visitar lugares que le provocarán momentos de reflexión y desintoxicarse del veneno que le infunden los diarios problemas. Cuando esto haya sucedido, es seguro que ha aprendido a vivir, a quererse y ha querer más a su familia puesto que habrá más tiempo para pasarla con ellos; en consecuencia, no está demás recalcar que a los hijos hay que enseñarles a pescar, caso contrario, “ellos estarán viviendo” y usted se estará quedando sin tiempo para vivir.
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