
Fragmento:
─ Ven hermanito, ven. Cuando sea grande y tenga plata te compraré uno más bonito.
Era un hermoso juguete traído no sé de qué país. A mis seis añitos esa ilusión trastocó mi vida. Mi vecinito, soberbiamente, lo manipulaba y me sacaba “cachita”. Aquel día me desconoció.
─ Ándate de mi casa. No quiero jugar contigo.
─ No importa, si quieres no lo toco; sólo déjame mirarlo. ¿Qué te cuesta?, aunque sea para mirarlo nomás.
─ ¡No!, ¡vete!
Transcurría la primavera de un ardiente verano. El rey astral, enfurecido, se había erizado y sus púas infernales herían mi piel sutil. A esa hora, Benjamín debió haber terminado de almorzar porque, parado en la puerta de la casa, fue el único que espectó la crucifixión de mi ilusión. Me quedé inmóvil, paradito como estatuilla de chocolate mientras pellizcaba, avergonzado, las yemas de mis frágiles deditos. Quería llorar, desahogar mi dolor y expulsarlo a través de ...
Era un hermoso juguete traído no sé de qué país. A mis seis añitos esa ilusión trastocó mi vida. Mi vecinito, soberbiamente, lo manipulaba y me sacaba “cachita”. Aquel día me desconoció.
─ Ándate de mi casa. No quiero jugar contigo.
─ No importa, si quieres no lo toco; sólo déjame mirarlo. ¿Qué te cuesta?, aunque sea para mirarlo nomás.
─ ¡No!, ¡vete!
Transcurría la primavera de un ardiente verano. El rey astral, enfurecido, se había erizado y sus púas infernales herían mi piel sutil. A esa hora, Benjamín debió haber terminado de almorzar porque, parado en la puerta de la casa, fue el único que espectó la crucifixión de mi ilusión. Me quedé inmóvil, paradito como estatuilla de chocolate mientras pellizcaba, avergonzado, las yemas de mis frágiles deditos. Quería llorar, desahogar mi dolor y expulsarlo a través de ...
Cuento incluido en "Entre Espinas"
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