viernes, 11 de mayo de 2012

NO UN DÍA, SINO TODA LA VIDA, MADRE

 


En el mes de mayo ¿Por qué se angustian los hijos? Todos sabemos que se ha establecido que el segundo domingo de mayo se enaltezca a la mujer de incalculables quilates que nos dio la vida, que nos trajo a este mundo y que acarició nuestro cuerpo desde el primer contacto, luego del alumbramiento, pero ¿por qué esta preocupación? ¿Solo se ama, a mamá, una vez al año?
En estos últimos años da la impresión que esta fecha se ha dedicado a la promoción de una serie de productos, que se les hace brillar como diamantes compradores de gratitud y expresión de amor hacia la madre, pero no nos damos cuenta que nuestra madre, en medio de esta emoción en la que se mueven los demás, más que otra cosa espera un”te quiero”, “te amo mamita linda” u otras palabras que resuman, por lo menos, un poquito aquello que ella da a raudales.
Toda mezquindad es pecado ante Dios y si él nos enseñó a amarnos en cada instante, justamente, eso es lo que anhela de los hijos ante sus madres. No solo “en su día” sino todos los días porque  esta perlita necesita expresiones  que la fortalezcan y que sienta el afecto de quienes disfrutan de la vida gracias a sus desvelos y llantos ocasionados por esa ternura inmensa ante las espinas del sufrimiento.
Es cierto, que para este ángel no importa que el hijo sea niño aún o joven porque aún siendo así, es su hijo, es su hija y nadie le va a quitar la entrega de ese afecto maternal puesto que continuará sintiendo como madre, como ángel y como Dios, entonces aquí surge el deber y sobre todo comprender que no necesita caricias materiales ni fiestas memorables ni un beso solo en el segundo domingo de mayo, sino que cada día sea un día de la madre lleno de amor, de gratitud, de afecto y paz.